La frase del título se remonta a tiempos del reinado de Isabel II, en 1833. Pero no era ella la gorda en cuestión, sino que ese era el nombre que el pueblo daba a la revolución que se estaba gestando a causa de su gobierno decadente y que estalló, finalmente, en 1868. A causa de ésta, la reina debió abandonar su cargo y exiliarse en Francia.Puede aparecer en los titulares de los diarios, con sentido irónico:
Hay otras similares, como: "se armó la podrida".
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